La
casa: en este enlace puede verse la
casa y el entorno.
El
día de la inauguración, con los asistentes de La Vilueña.
HABLA EL ESPÍRITU DE
LA CASA RURAL DE Entrefrutales
Amigos, soy el espíritu
que ha vivido en esta casa
desde tiempo inmemorial.
Usaré pluma y garganta
del actual dueño y amigo,
conocido por el barbas,
para contaros mi vida:
la presente y la pasada.
Llevo en pie más de dos siglos,
¡qué veloz el tiempo pasa!,
y aunque hoy vosotros me veis
como una única y gran casa,
he sido una y cien veces
por dentro remodelada,
sobre todo por don Pablo,
o Pablillo en confianza.
- ¿Qué esperáis para casaros?-
a los novios preguntaba.
- Disponer sólo de un hueco,
de una vivienda de nada.
- Id pensando en el casorio,
la preparo en tres semanas.
En esencia siempre he sido
una casa de labranza,
a la vez que repartía
atenciones de posada;
por mi buen trato y mantel
fui famosa en la comarca.
Hoy de nuevo abro mis puertas,
juvenil y remozada,
con el objeto de ser
el refugio y la ensenada
para esclavos de las prisas,
bien del cuerpo, bien del alma,
para quienes aún añoran
despertar por la mañana
oyendo a las golondrinas
que cantan, cantan y cantan,
para quienes van en busca
de recuerdos de la infancia
o del olor a tomillo
que la lluvia al yermo arranca,
para quienes saborean
una buena chuletada
que la leña de sarmiento
deja tierna y perfumada,
de ese sabor que el tomate
tiene si madura en mata,
para quienes van en busca
de vosotros, gente sana,
que decís lo que pensáis
sin rebuscar las palabras.
A cuantos habéis venido
para verme remozada,
vecinos e hijos del pueblo,
gente amiga riojana
y ese grupo que enseñáis,
no lo entiendo, en la distancia,
pues no hay como el cuerpo a cuerpo
cuando de aprender se trata,
os acojo entre mis muros,
tenéis mis sentidas gracias
y contad que en La Vilueña
se ha remozado una casa,
que la lleva una pareja
simpática y escoscada,
que los vecinos son majos
y tienen asegurada
conmigo, la Entrefrutales,
paz, sosiego y chuletadas.
Acepto la bendición
que don Pascual me regala
con un gesto de emoción
en el rostro y en el alma.
Y mi recuerdo especial
para una hija de esta Casa,
la Adelina, que aquí ha estado
desde niña hasta casada.
Al Angelito y Piedad
especialmente las gracias
por vuestros muchos desvelos,
porque ya sois de la Casa.
A la Palmira y Dorín
en especial muchas gracias,
me vigilan a diario
puerta, tejado y fachada.
Con el recuerdo de Emilia,
enferma, cosa de nada,
hoy deseo a todo el pueblo,
por vuestros muchos desvelos,
daros mil veces las GRACIAS.
La Millana y la Rosario,
dos entrañables hermanas,
con la ayuda de Tomás,
que pone a mi sentir palabras,
me han saneado por dentro,
remozado la fachada,
convertido en manantial
por donde fluye la calma
y abierto de par en par
mis puertas y mis ventanas
para quien busca descanso
del cuerpo y también del alma.
Tomás Franco Aliaga (La Vilueña, a 13 de abril de 2008)